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10 libros en 10 días. Un análisis de narrativa breve.

Actualizado: feb 28

El dicho «Lo bueno, si breve, dos veces bueno» es ampliamente conocido, pero en el ámbito de la literatura parece haber una ley no escrita que relaciona el número de páginas con lo bueno que es un libro. Seguro que a muchos os habrá dado rabia, en alguna ocasión, pagar lo mismo por un tocho de 700 páginas que por un librillo de apenas 100, pero ¿tiene esto algún fundamento? ¿No nos enseñaban en el colegio que sintetizar es bueno?


Uno de los grandes de la literatura en español, Jorge Luis Borges, no escribió más que cuentos y relatos cortos. Él opinaba lo siguiente sobre la novela: «No, nunca pensé en escribir novelas. Yo creo que si empezara a escribir una novela, yo me daría cuenta de que se trata de una tontería y que no la llevaría hasta el fin. Posiblemente esto sea una invención de mi haraganería. Pero creo que Conrad y Kipling han demostrado que un cuento corto —no demasiado corto—, lo que podríamos llamar long short story, puede contener todo lo que contiene una novela, con menos fatiga para el lector.»


¿Qué debemos pensar, entonces, sobre la narrativa breve? Como lo mejor siempre es comprobar las cosas por uno mismo y formarse una opinión propia, nos propusimos lo siguiente: buscar los 10 libros más cortos de nuestras estanterías de narrativa y leerlos en 10 días. Porque está claro que una ventaja de la narrativa breve es su brevedad; en cuestión de un máximo de tres horitas tienes otro libro que tachar de tu lista de propósitos literarios. ¡Qué realización!


Y lo hemos cumplido, por supuesto. Ahora tenemos la cabeza rebosante de fragmentos prestados por todos esos libros (por unos más que otros, esto siempre es así). Y escribimos estas líneas para contaros cuáles son esos libros y qué nos han parecido. También, claro, para indicar con sutileza qué tipo de narrativa (breve o larga) va ganando terreno en nuestros corazones y mentes.


Sin más dilación, aquí tenéis los libros que salieron de nuestras estanterías después de la búsqueda. Son todos chiquitines y cucos y ninguno supera las 141 páginas. Por orden de lectura:


1. La mujer zurda, de Peter Handke. Edición de bolsillo en castellano por Alianza Editorial. 118 páginas.

Peter Handke recibió el año pasado (2019) el Premio Nobel de Literatura. Condicionados por este hecho, nos adentramos en el mundo monocolor que nos retrata Handke. Al autor austríaco se le da de maravilla sumergir al lector en el sentimiento de soledad que sufren sus personajes. Su prosa, nada ortodoxa, es cómoda pero sorprendente (sin connotación positiva o negativa). Es una lectura que no te recomendamos si estás melancólico, pero que, desde luego, en otras condiciones es una excelente fuente de reflexión sobre las relaciones y la monotonía.




2. Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux et Maury, de Quim Monzó. Edición en catalán por Quaderns Crema. 141 páginas.

La verdad es que no habíamos leído antes a Quim Monzó… y cómo hemos estado perdiendo el tiempo. El buen nombre que le acompaña no nos ha defraudado en lo más mínimo. La obra en concreto es un compendio de 15 relatos cortos. Son relatos intensos, que no dejan indiferente. Muchos son, en cierta manera, metaliterarios, porque hablan sobre la propia creación de literatura. Otros buscan la incomodidad del lector. Y algunos son simplemente bellos, sobre todo por la forma en que se narran. Lo único malo de esta lectura es que el ejemplar que teníamos estaba tarado y le faltaban un par de páginas, por lo que nos atormenta el fantasma de dos cuentos incompletos. Si alguien lo tiene y nos lo presta, seremos un poco más felices.



3. La presa, de Kenzaburo Oé. Edición en castellano por Editorial Anagrama, colección Quintetos. 114 páginas.

Oé es otro Premio Nobel de literatura, esta vez de 1994, y, por el amor que le tenemos a la cultura japonesa (nacionalidad del autor), lo cogimos con expectativas. A nuestro parecer, el prólogo le hace un flaco favor al libro, porque parece que reformule con menos gracia el argumento que está por venir, además de destripar e interpretar partes importantes de la historia. Más allá del prólogo, la prosa de Oé es cuidada y visceral. Hace un esfuerzo por adoptar la mirada de la infancia, que tiene un tinte de exultación que los adultos hemos olvidado. Y se le da bien lo que hace. Lo que sí es cierto es que no nos ha acabado de cautivar; quizás son cosas de la temática, que ayuda cuando es afín a los gustos de uno.

4. Bonsái, de Alejandro Zambra. Edición en castellano por Editorial Anagrama, colección Narrativas hispánicas. 94 páginas.

Sin duda, el descubrimiento del reto. Aunque no nos hubieran gustado el resto de libros, el experimento habría valido la pena sólo por descubrir a este autor. Ingenioso en cada línea, fresco y efímero, Zambra no pone un punto de más si no es necesario. La lectura te revitaliza, como un roción de agua fresca en verano. Es la típica historia en una forma nada típica. La va mimando desde la concepción, incluso desde antes, y le va dando una forma delicada y sutil, igual que la de un bonsái. Porque, como bien nos revela la sinopsis, el libro en sí es un bonsái. ¡Estamos deseando leer más de él!








5. Raquel, de Isabel-Clara Simó. Edición en catalán por Columna Edicions, colección Columna Jove. 122 páginas.

En esta propuesta para jóvenes, Isabel-Clara Simó hace una gran elección temática resumiendo en 122 páginas varias de las preocupaciones más relevantes de los adolescentes: la relación con la familia y con la primera pareja, la formación de un pensamiento propio e independiente… Nos gusta el enfoque que toma para ampliar las miras del lector joven, pero pensamos que un lector joven y aventajado, que los hay, quizá más que en algunos sectores de adultos, puede echar en falta algo que le revuelva un poco más las ideas y le deje con ese escalofrío que te hace abrir la primera página de un nuevo libro.




6. El carter sempre truca dues vegades, de James M. Cain. Edición en catalán por Edicions 62, Seleccions de la cua de palla. 101 páginas.

El título de este libro es bien conocido por su adaptación cinematográfica, que figura dentro de los clásicos del cine de los 80. Hoy en día, un paso clave en la fama de un libro suele ser que haya sido adaptado al cine, y eso que el libro siempre (o casi siempre) es mejor. En este caso no hemos visto la película, pero podemos entender que se quisiera llevar a la gran pantalla. Cain nos esboza dos soñadores y una América en la época de los sueños, aunque la historia acaba tomando algún giro más cercano a la pesadilla. Una narración hechizante y bien urdida. Se nota un estilo ligeramente arcaico, marca de otra época. Al que le gusten la novela negra y este tipo de lecturas, se lo recomendamos sin dudar.




7. Doña Berta, de Leopoldo Alas ‘Clarín’. Edición muy antigua en castellano por Biblioteca de El Sol. 93 páginas.

Alas ‘Clarín’ es otro de esos autores de los que, por clásicos, todo el mundo ha oído hablar, aunque no muchos lo han leído, como era nuestro caso. Con la exposición constante a estímulos, títulos como Doña Berta nos pasan desapercibidos. Queremos algo más, que el título nos desgarre las entrañas ya antes de leer. Y nos equivocamos, porque este libro con un título tan humilde sí nos ha desgarrado las entrañas como pocos han hecho. Siempre cautivados por la prosa lírica y bien trabajada del autor, hemos caído a los pies de Doña Berta, y sus inquietudes han sido las nuestras. Y hemos llorado. Pero no diremos más. Es un libro que merece la pena leer.

8. Como un espejismo, de Maria Mercè Roca. Edición en castellano por Grupo Anaya, colección Espacio Abierto. 100 páginas.

Esta obra de Maria Mercè Roca forma también parte de la literatura juvenil. Nos propone un argumento adecuado a su público: el primer romance “adulto” de un chico que apenas está dejando de ser niño. Está todo ahí: contradicciones, sentimientos nuevos..., en definitiva, la complejidad del ser humano descubierta a través del “amor”. Pero se queda en eso, en relatar unas experiencias con las que puede que el lector se haya topado recientemente o desee toparse pronto. A lo mejor somos muy idealistas, pero nos gustaría que la narrativa juvenil dejara una chispa de algo más. O quizás nos hemos hecho mayores y no somos capaces de leer con ojos de joven.


9. La vida privada de los árboles, de Alejandro Zambra. Edición en castellano por Editorial Anagrama, colección Narrativas hispánicas. 117 páginas.

Dijimos que no tardaríamos mucho en leer más de este autor, y aquí estamos de nuevo reseñándole. Vale, es un poco trampa sabiendo que teníamos otro libro suyo en la lista, pero era un riesgo doble, porque podía no habernos gustado (uno, otro o ambos). Por suerte, no ha sido así, y Zambra ha reafirmado, con esta obra, que tenemos que aplicarnos mucho, mucho para soñar con producir algo de su nivel. Su magia consiste en coger historias totalmente banales, cotidianas, en las que otra persona no encontraría qué contar, y convertirlo en poesía, en algo que es prosa y a su vez no lo es, que fluye de principio a fin y te atrapa en su cauce. Zambra lo ha vuelto a hacer y nosotros estamos encantados. Definitivamente, la narrativa breve le viene como anillo al dedo. No dejéis de leerle.

10. El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Edición en castellano por Alianza Editorial y Emecé Editores. 111 páginas.

Esto sí es literatura infantil como debería ser. Es una oda al niño, una crítica a cómo nos hemos vuelto de retorcidos e inamovibles los adultos. Dicen que El Principito debe leerse tres veces en la vida: de niño, de adulto joven y de adulto mayor. En cada lectura se le encuentra un significado, y esa es la magia del libro. Lamentablemente, no nos acordamos mucho de la lectura que hicimos de niños, pero siempre queda el recuerdo impactante de ese sombrero que no es sombrero, que es boa en digestión. Puede descolocar cuando eres pequeño, pero es divertido. Y si es divertido, y además aprendes, qué más puedes pedir. Cuando lo lees de adulto también es divertido, muchísimo. Pero también triste, porque te llegas a identificar con alguno de los personajes de ese mundo (los que no son ni el Principito ni el narrador). Es duro crecer. Quizás en la próxima lectura le encontremos aún más significado.


Así finaliza el reto, que hemos acabado en un total de 7 días y un aproximado de 1’5 h de lectura por libro. ¿Nos ha gustado? No, nos ha encantado. Definitivamente, seguiremos con este tipo de retos, esperando que os animen a leer un poquito y porque nos obligan a nosotros a leer un muchito.


Hemos descubierto verdaderas joyas, y la literatura breve ha cobrado un significado especial para nosotros. Ya estábamos bastante predispuestos al amor por esta fórmula, porque otra gran autora (podéis leer una reseña de su libro Metafísica de los tubos en un post anterior) trabaja en este formato. Pero ahora estamos, si cabe, más entusiasmados. Esto no quiere decir que vayamos a dejar de leer novelas largas; seguiremos leyendo todo tipo de literatura, porque de eso se trata, pero intentaremos que no se infravalore la brevedad, porque algunos autores de novela larga no serían, probablemente, capaces de crear maravillas como las que hemos leído en 100 páginas.


Viva la literatura en todas sus longitudes.

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